"Tu deber es luchar por el derecho; pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia."
Eduardo J. Couture
(Del cuarto mandamiento de su famoso Decálogo del Abogado).
Por Eloísa Troya
En su célebre obra sobre la prueba, la doctrina procesalista clásica nos recordó siempre que el juez es el perito de peritos (judex peritus peritorum). Esta máxima no pretendía otorgar al magistrado una omnisciencia absurda sobre la medicina, la contabilidad o la psicología, sino recordarle su deber más sagrado: la soberanía de juzgar. Entonces, hoy creí urgente reflexionar sobre el rol verdadero de los jueces, ya que nunca un juez debería delegar su conciencia ni su valoración racional en un tercero técnico que podría tener sesgos ideológicos, filosóficos o patológicos; más aún, podría caerse en el peligro de juzgar injustamente. Sin embargo, al parecer es lo opuesto, ya que se ha instalado una patología silenciosa que devasta: la abdicación jurisdiccional ante la peritocracia.
