Por Eloísa Troya
En el contexto de lo que veníamos conversando con familias y otros actores que acompañan, quedé pensando en lo siguiente: ¿quién decide cómo se educa a un niño? ¿Es el Estado quien existe para las personas y las familias, o estas existen para el Estado? Un niño no llega al mundo solo. Llega a través de su mamá que lo gestó, dentro de un hogar donde se habla una lengua, con determinadas creencias y diferentes maneras de expresar sus vivencias en amor. Cualquier reflexión seria sobre la educación de ese individuo que acaba de nacer debería partir de ese hecho simple: educar es un acto que ocurre en un contexto. Y, aun entendiendo que hay contextos y contextos, los padres que aman a sus hijos ganan por mayoría; por lo tanto, deberíamos elevar la discusión a ese nivel.
