El concepto de autonomía progresiva, emanado de la Convención sobre los Derechos del Niño, establece que los niños deben ejercer sus derechos por sí mismos a medida que desarrollan sus facultades. Sin embargo, en el debate actual, este principio se utiliza a menudo de forma errónea para generar una falsa dicotomía entre el niño y sus padres.
Aquí ocurre un riesgo al forzar a la Interpretación Aislada.
Cuando el Estado invoca la autonomía del niño para invalidar el "derecho preferente" de los padres (Artículo 26.3 DUDH), ocurre una distorsión jurídica, un vacío de Protección. Un niño, por definición, está en formación. Si se elimina la guía parental antes de tiempo bajo el pretexto de su "autonomía", el niño no queda "libre", sino que queda vulnerable a la influencia directa del Estado o de terceros sin el filtro protector de la familia.
La Patria Potestad no es un poder arbitrario de los padres, sino un deber de protección y una función social reconocida por todas las formas de Derecho. Desmantelarla basándose en una autonomía aún no consolidada es técnicamente un error que violenta el bloque de constitucionalidad.
La autonomía debe ser progresiva, no rupturista. Los tratados internacionales no buscan que el niño sea un individuo aislado del núcleo familiar, sino que sea guiado por sus padres en el ejercicio de sus derechos. Por el Derecho a la identidad del niño que parte de su Identidad biológica. El "derecho preferente" de los padres, entonces, actúa como la norma de cierre, ante la duda o la falta de madurez total del menor, prevalece la decisión de los padres sobre la del Estado.
Este enfoque es perfectamente legal. El ordenamiento jurídico nacional, al ratificar los pactos internacionales, protege la libertad de enseñanza y la prioridad de la familia. Como sigo sosteniendo, la defensa de esta jerarquía es lo que evita que el sistema educativo se convierta en un mecanismo de adoctrinamiento estatal, preservando la pluralidad democrática. Algo que debe perpetuarse porque esa pluralidad es principal riqueza de los pueblos libres.
El Estado jamás podrá sustituir el refugio de una raíz biológica. La autonomía del niño es real, pero sin el escudo parental, queda a la intemperie. Nuestra batalla es legitima, pero sobre todo, es un acto de justicia para que ningún niño más sea despojado de su centro.
Esta es una verdad profunda.
Ama tan ruidosamente que puedas pararte ante el mundo con decencia, con orden, con coraje.
Soy Eloisa.
