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Agostina también iba a la escuela.


Hay una verdad que aprendí antes de tener palabras para nombrarla. Fui abandonada antes de cumplir dos años. No por el Estado, no por un sistema, no por políticas públicas. Por mis padres. Y lo que me salvó no fue un organismo de protección, no fue una escuela, no fue un protocolo de intervención. Me salvó una mujer mayor, de casi 60 años: mi tía abuela Julia. Ella fue quien me tomó en sus brazos y me enseñó —con su ejemplo, no con discursos— que estudiar no solo saca de la ignorancia. También preserva. Resguarda. Hace libres.
Esa es mi primera fuente. No un tratado jurídico. Una mujer con las manos callosas que entendía algo que muchos doctores en derecho todavía no comprenden: que la educación no es un servicio que se presta. Es un vínculo que se construye. Y ese vínculo, cuando existe, es el escudo más poderoso que un ser humano puede tener frente al mundo.
Hoy quiero hablar sobre eso. Sobre lo que la educación en el hogar protege cuando se ejerce con amor y responsabilidad. Y sobre lo que el Estado destruye cuando pretende que su monopolio sobre la formación de la conciencia es sinónimo de protección. 

La inercia de la conciencia infantil: El materialismo radical y el secuestro de la adultez


Por el Psicólogo Gabriel Bertrand 

La sociedad occidental contemporánea parece atravesada por una paradoja: mientras la tecnología
y la gestión técnica alcanzan niveles de precisión casi quirúrgicos, el desarrollo de la psique
humana parece haber ingresado en una fase de estancamiento, o incluso de regresión. Este
fenómeno no es el resultado de un plan aislado, sino la consecuencia lógica y objetiva de la
evolución del materialismo radical de los últimos siglos; un proceso que ha aplanado la
multidimensionalidad del ser humano hasta convertirlo en un activo contable, un insumo gestionable
por la técnica.

Las madres no deberíamos estar en peligro de Extinción.



Al profundizar en la desgarradora
vivencia de la escritora Isabel Salas a través de su obra Materfiesto —fruto de seis años de asfixiante litigio y estudio profundo para salvaguardar a su hija tras una denuncia falsa por parte de su progenitor que la obligó a buscar refugio lejos de su tierra—, emergen reflexiones necesarias sobre cómo la figura materna es sistemáticamente desestimada mediante sutilezas culturales ya normalizadas.