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José Pedro Varela y la Homogenización de le Enseñanza


José Pedro Varela escribió en su obra "La Educación del Pueblo" (1874), específicamente en el capítulo donde argumenta por qué la escuela debe ser un espacio de encuentro para todas las clases sociales, lo siguiente: 
“Los que una vez se han encontrado juntos en los bancos de una Escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y las virtudes de cada uno: y así, la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática”.
Es una de sus frases más célebres porque resume el espíritu de la Reforma Vareliana: la idea de que la democracia no se construye solo en las urnas, sino en los bancos de madera de un salón de clase, donde el hijo del estanciero y el hijo del peón se sientan a la par. 
Sobre esto, es necesario cuestionar esta romántica idea de 'igualdad' que nos heredó Varela. Lo que a menudo se celebra como un instrumento de democracia, puede verse también como la piedra fundacional de un sistema de adoctrinamiento estatal. Al pretender que todos somos iguales y debemos ser formados bajo un mismo molde laico y obligatorio, se desplaza el derecho natural de las familias a educar según sus propios valores y convicciones.
​La verdadera libertad no nace de la homogeneidad de un banco escolar estatal, sino del respeto a la diversidad de proyectos educativos y a la soberanía de los padres a la hora de elegir, algo que nuestra Constitución garantiza en su Artículo 68. La #educación debe ser un puente hacia la libertad, no una herramienta para que el Estado talle el pensamiento de las generaciones futuras.
​Este enfoque pone el dedo en la llaga sobre la obligatoriedad y el rol del Estado como "educador supremo", un tema central para quienes defendemos la educación libre y la libre enseñanza.
No olvidemos nunca, que el derecho preferente de los padres a elegir el tipo de educación que ha de darles a sus hijos es un derecho humano fundamental, como bien asienta la Declaración Universal de Derechos Humanos en su Artículo 26.3.  Este Derecho Preferente es reconocido internacionalmente, y por esa razón, es el Estado quien lo debe respetar y no absorber. Forzar a todos los niños a transitar por una misma estructura no es igualar; es masificar y debilitar la riqueza de las aptitudes individuales que Varela mencionaba pero que su sistema, en la práctica del hoy, suele aplanar. Este peligroso enfoque, disminuye la riqueza patrimonial humana de los pueblos libres.
Ama tan ruidosamente que el mundo vea en ti coraje.

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